Saltar al contenido
COLECCIONISTAS DE MONEDAS

Numismática y naufragios: monedas rescatadas de las profundidades

Actualizado 09 Ene, 2024 •reading-time 6-8'
Revisado por

Sin duda, si hay un segmento de la numismática que se podría considerar con valor añadido, es el de las monedas encontradas en naufragios. ¿A quién no le apasionaría una pieza que no solo describe la política y economía de un período, sino también un viaje que terminó abruptamente bajo las olas?

Los hundimientos son inherentes a la navegación, y tanto esta como el comercio marítimo anteceden a la moneda. No es sorprendente que existan tesoros sumergidos de todos los períodos de la historia, como la arqueología confirma constantemente: pecios repletos de botines de diferentes épocas aparecen frecuentemente en las noticias.

En esta ocasión, hablaremos sobre un período de especial interés. Fue en la Edad Moderna cuando el globo se abrió a los europeos y miles de barcos navegaron del Nuevo al Viejo Mundo llevando tesoros que no siempre llegaban a su destino.

El inesperado final del viaje: el naufragio

El protagonista de nuestra historia es el pecio, es decir, los restos de una nave hundida producto de un naufragio, que a su vez se entiende como la pérdida de una embarcación en ríos, lagos o mares producto de:

  • Entradas de agua a la parte sumergida del casco por perforaciones.
  • Inclinación de la nave en un grado que le impida estabilizarse.
  • Fenómenos meteorológicos (precipitaciones, ciclones, tormentas eléctricas) que ocasionen alguna de las dos causas anteriores, o de lleno destruyan el navío.
  • Carga incorrecta o excesiva de la nave que le haga exceder la línea de flotación.
  • Incrustación, desgaste y ruptura del casco por microorganismos, algas o animales.
  • Errores de navegación que originen colisiones contra estructuras sólidas (rocas, arrecifes, otros barcos).
  • Daños provocados por embarcaciones enemigas en el contexto de guerras o piratería.
Navios en una tormenta - WOU, CLAES CLAESZ
Navíos en una tormenta, óleo de Claes Claeszoon van Wou. Fuente: Museo del Prado

La UNESCO no sólo considera los restos de la nave y su carga como parte del pecio, sino que incluye los de la tripulación y sus pasajeros; todo ello configura el sitio como un yacimiento arqueológico subacuático donde se ven reflejadas la historia y cultura de las personas al momento del naufragio.

El intercambio transatlántico del Imperio Español

Pongámonos en contexto. La institución que regulaba el comercio entre España y sus virreinatos, así como la colonización del Nuevo Mundo, la navegación y cartografía transoceánica, era la Casa de Contratación de Indias.

La Casa de Contratación fue una institución fundada por Isabel la Católica en 1503 que se estableció en Sevilla primeramente, y en Cádiz durante sus últimos años. Sus funciones incluían fiscalizar el comercio con las Indias, formar pilotos y marinos, preparar mapas e instrumentos de navegación, supervisar y autorizar los barcos que viajarían, controlar las mercancías importadas y exportadas, conservar los registros de viajes y resolver causas judiciales vinculadas a sus actividades.

No obstante, para lo que nos concierne, la Casa de Contratación llevaba a cabo dos actividades vitales: recibir y resguardar la moneda, piedras y metales procedentes de América (función que cumplía para la Real Hacienda), y garantizar que dichos tesoros y las demás mercancías que viajaban llegasen a destino mediante la asignación de una armada que protegiera los barcos de carga.

El conjunto de naves comerciales y de guerra que atravesaba el Atlántico dos veces al año era conocido como la Flota de Indias. Consistía en dos convoyes que partían de España y bajaban por la costa de África con dirección a las islas Canarias, con el objeto de aprovisionarse para el viaje transoceánico.

De ahí se dirigían a las Antillas Menores del mar Caribe donde emprendían una ruta diferente en función a su destino final: la flota de Nueva España, que habría zarpado entre marzo y abril, tomaba rumbo a San Juan (Puerto Rico) y de ahí seguía a Santo Domingo (La Española), a Santiago (Cuba) y, finalmente, a Veracruz (México). Por su parte la flota de Tierra Firme, que zarpaba entre agosto y septiembre, podía tocar tierra en los puertos de Trinidad o Venezuela antes de llegar a Cartagena de Indias (Nueva Granada), y Portobelo (Panamá).

Principales rutas comerciales del Imperio Español
Principales rutas comerciales de España y Portugal durante la Edad Moderna. Fuente: Wikimedia Commons.

En su destino, las flotas descargaban diversos artículos europeos como moneda, manufacturas, aceite de oliva, vino, herramientas, armas, libros y ropa, mientras cargaban productos americanos. En Cartagena y Portobelo, se embarcaba la plata proveniente de Potosí, sin mencionar el oro, esmeraldas, perlas, añil, cacao y otras mercancías del sur. En Veracruz, además de metales preciosos y productos coloniales norteños, se incluían porcelana, seda y mercancías asiáticas provenientes de Filipinas gracias al Galeón de Manila. No podemos olvidar la moneda acuñada en las cecas de México, Lima o Potosí, entre otras.

Después de invernar, los convoyes de Nueva España y Tierra Firme se reunían en La Habana durante la primavera y partían hacia España en verano aprovechando la Corriente del Golfo, que tomaban en el estrecho de Florida. Tras una eventual parada en las islas Azores para reabastecer, concluían su viaje en los puertos de Sevilla o Cádiz.

Es importante destacar que los convoyes no realizaban este recorrido solos. La flota de escolta, conocida como la Armada de la Guarda, los acompañaba en sus trayectos de ida y vuelta, garantizando su protección contra barcos enemigos en lo que se denomina «navegar en conserva». También destacaba el apoyo de la Armada de Barlovento en el Caribe y la Armada del Mar Océano, que patrullaba las costas atlánticas de la península ibérica. Además, los propios mercantes solían llevar artillería.

El resultado de todas estas precauciones fue que la Flota de Indias y su equivalente pacífico, que también contaba con itinerarios estrictos y protección militar, se convirtieron en el entramado comercial marítimo más exitoso de la historia durante más de 250 años. Durante este tiempo, la península y sus virreinatos concretaron prácticamente todos sus contactos comerciales, y la Corona vio crecer exponencialmente el Tesoro Real. Objetivamente, ¿qué corsario podría enfrentarse a semejante fortaleza?

Aunque la piratería sin duda estaba tentada a asaltar las bodegas de los barcos que integraban la flota, las posibilidades de éxito eran escasas. Normalmente se acercaban a naves rezagadas, siendo más factible atacar los puertos donde estos recursos se acumulaban que la Flota de Indias en sí. Por ello, el verdadero riesgo para los barcos residía en las tormentas, incendios o arrecifes desconocidos contra los que podían impactar, y ciertamente, el peligro estaba siempre presente.

Cinco pecios célebres

A lo largo de los años en que operó la Flota de Indias se perdieron varias naves, seguramente muchas más de las que se tiene registro. Cinco de ellas son:

  1. Nuestra Señora de Atocha: Quizás el más famoso de todos, este galeón naufragó en medio de una tormenta el 6 de septiembre de 1622 frente a Florida. De sus 265 pasajeros sólo cinco sobrevivieron, y su cargamento, valorado en 400 millones de dólares, incluía 20 toneladas de lingotes de plata, un millón de pesos amonedados y gran cantidad de esmeraldas. Restos del navío se exponen actualmente en Cayo Hueso y sus monedas se consiguen con relativa frecuencia en el mercado numismático.

  1. Nuestra Señora de las Maravillas: Este galeón pertenecía a la Flota de Tierra Firme y se hundió en la noche del 5 de enero de 1656, tras chocar con otro barco y encallar en las Bahamas. Sólo 55 de sus 650 pasajeros sobrevivieron, y sus tesoros -actualmente incalculables pues se sabe que llevaba contrabando- se han ido rescatando progresivamente desde el propio hundimiento.

  2. Nuestra Señora de Encarnación: Esta carraca transportaba cerámica, hojas de espada, herraduras de mula y herramientas. Pertenecía a la Flota de Tierra Firme y se hundió durante una tormenta, junto con otras naves, alrededor del 3 de diciembre de 1681 en las costas de Panamá. Descubierto en 2011, es uno de los pecios mejor conservados que se conoce.

Restos de la carraca Nuestra Señora de Encarnación.
Restos de la carraca Nuestra Señora de Encarnación. Fuente: National Geographic
  1. San José: Quizás el único hundido en batalla de nuestro listado, este galeón integraba la Flota de Tierra Firme cuando, el 8 de junio de 1708, en la ruta Cartagena-La Habana, se topó con una escuadra de cinco barcos de guerra ingleses. En ese momento España se encontraba en plena Guerra de Sucesión por lo que el conflicto era inevitable y, tras una hora de combate, las reservas de pólvora estallaron llevándose a sus casi 600 tripulantes y el cargamento, actualmente valorado en 17.000 millones de dólares (incluyendo 11 millones de monedas de oro), al fondo del mar. Este hecho, conocido como la Batalla de Barú, culminó con una victoria inglesa; no obstante, hasta la actualidad el San José sigue en medio de una contienda por la titularidad de sus restos, esta vez entre los gobiernos de Colombia, España y la empresa estadounidense Sea Search Armada.

Restos del galeón San José.
Restos del galeón San José. Fuente: Instituto Colombiano de Antropología e Historia
  1. Santísima Trinidad: Popularmente conocido como Urca de Lima por su capitán, Miguel de Lima, y el tipo de barco mercante que era, integró la Flota de Nueva España entre 1712 y 1715. El 31 de julio de ese año, tras haber partido al Viejo Mundo, el convoy fue alcanzado por un huracán mientras salía del estrecho de Florida y todos los barcos menos uno se perdieron. El Santísima Trinidad salió relativamente bien de la tragedia pues logró entrar en la ensenada de un río y quedar varado con el casco intacto, muriendo sólo 35 tripulantes pero salvando casi toda la carga; no obstante, el desastre significó la pérdida de casi 1.000 vidas, así como la ruina de muchos comerciantes. El fin de su periplo vino dado por el saqueo de sus restos por parte del pirata Charles Vane.

Calidad y precio de una moneda de naufragio

El punto débil de una moneda naufragada es su grado de conservación, pues está claro el efecto que el agua salada puede tener sobre piezas sumergidas por años. Sin embargo, ello no impide que algunas sobrevivan en mejores condiciones que otras.

En cuanto al precio, suele ser mayor que el de monedas idénticas encontradas en tierra, y es que su historia añade plusvalía. Sin embargo, es preciso mencionar que la fama del pecio suele incrementar, en ocasiones drásticamente, el valor de un numisma con relación a otros similares que también procedan de un naufragio. Ejemplos claros son el Atocha y los que integraron la Flota de 1715: casos ampliamente mediatizados.

A modo de ejemplo a continuación puedes ver la moneda de 8 reales de Carlos y Juana acuñada cerca de 1538, y rescatada del pecio “Vellocino de Oro” hundido en 1550. Esta pieza se consideró inexistente hasta su descubrimiento. En la actualidad es el numisma de naufragio virreinal más caro subastado por Heritage Auctions, alcanzando casi 478.000 euros.

Sin embargo, creemos que lo fascinante de este coleccionismo es la historia detrás de cada ejemplar: en qué viaje participó, en cuál nave se embarcó, por qué terminó bajo el agua, cuánto tiempo estuvo allí, en qué medida se conservó, cómo fue rescatado y por qué manos pasó hasta llegar a las nuestras. Todo esto hace que una moneda sea más fascinante que simplemente la historia económica que lleva consigo. ¿Quién sabe? Tal vez, en un próximo rescate, emergerá del agua una moneda que reescriba la historia.

Fuentes y referencias

  • Abilleira, Yago (2021). Coleccionar moneda naufragada. Blog Numismático. Referencia.
  • Cartwright, Mark (2021). Flota de Indias. Enciclopedia de la Historia del Mundo. Referencia.
  • Castillo, Guillermo (2017). Los tesoros hundidos más buscados en América. Infobae. Referencia.
  • Gadeas (2022). La Casa de la Contratación y el Consulado de Indias. [Página web en línea]. Referencia.
  • García, Juan (2019). Urca de Lima y el tesoro codiciado de Jennings y Vane. Todo a babor. Referencia
  • Lee, Jane (2018). Raro naufragio español del siglo XVII descubierto en Panamá. National Geographic. Referencia.

Te puede interesar