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COLECCIONISTAS DE MONEDAS

El Real de a 8: la historia de la primera divisa internacional que dio lugar a (casi todas) las monedas de curso legal del mundo

Actualizado 09 Mar, 2022 •reading-time 6-8'
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Más que una divisa, los «dólares españoles» fueron la base de las monedas nacionales americanas: los múltiples “pesos” latinos y el “dólar” estadounidense son sucesores de una moneda española cuyo respeto trascendió las grandes diferencias existentes entre sociedades de su época.

Durante la Edad Moderna, el Imperio Español produjo monedas que terminaron siendo usadas más allá de sus fronteras. Eran los reales de a ocho: ejemplares que sirvieron para el comercio interno e internacional hasta después de la Independencia de las colonias. A continuación te ofreceremos algunos datos sobre el origen, uso e importancia de estos ejemplares, que simbolizaban la riqueza, el alcance y la influencia hispanos en los cinco continentes.

Cómo surgieron los primeros reales de a ocho

Los reales de a ocho surgen de manera muy particular. Por un lado, en Austria, Segismundo de Habsburgo promovió en 1486 la acuñación en plata de monedas de gran tamaño: los guldiner, de 31,93 gramos y 937 milésimas de ley. Éstos no fueron muy aceptados al principio, pero sirvieron de inspiración para que Bohemia, luego, produjera los thaler, de 27 gramos de peso y 900 milésimas de ley. Éstos serían exitosos en tierras germánicas, por lo que el emperador Maximiliano de Habsburgo los empleó con fines de propaganda.

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Cinco táleros comparados con un cuarto de dólar estadounidense.. Fuente: Wikimedia Commons

En paralelo, los Reyes Católicos se encargaron de modernizar el sistema monetario castellano mediante la Pragmática de Medina del Campo (1497), momento clave en la historia de las monedas españolas, que detallaba cómo labrar reales de plata y fijaba las características que los harían aceptados en todo el mundo; no se contemplaba aún fabricar sus múltiplos.

Sería el nieto de los Reyes Católicos y de Maximiliano de Habsburgo, Carlos I de España, quien llevaría la idea del tálero alemán a los territorios bajo su cetro, creando en 1537 los reales de a dos, cuatro y ocho.

Otro importante hecho a considerar es la fundación de Ciudad de México y la construcción de su casa de moneda. En 1537 se le autorizó acuñar diferentes múltiplos del real; por ello, en 1538 produjeron unos pocos reales de a ocho que dejaron de ser labrados inmediatamente por las dificultades que significaba hacerlos. Por mucho tiempo se dudó de su existencia, hasta que a finales del siglo XX se encontraron tres ejemplares en un naufragio.

En cuanto a piezas españolas, se desconoce el momento exacto en que empezaron a producirse, pero podemos saber que aparecieron bajo los motivos definidos por los Reyes Católicos: Carlos I se valió de la fama que tenían los ejemplares producidos por sus abuelos para acuñarlas, con la intención de que la gente las aceptara.

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Real de a ocho español, acuñado entre 1537 y 1566 a nombre de los Reyes Católicos. Fuente: Wikimedia Commons

Al no tener fecha, estos numismas deben datarse estudiando las marcas de los ensayadores. María Ruiz Trapero, Catedrática de Epigrafía y Numismática de la Universidad Complutense de Madrid, señalaba que todas las piezas europeas conocidas son posteriores a 1543, pero ello no excluye que se acuñaran desde antes.

Y entonces llegó su expansión por (literalmente) todo el mundo

Durante la era moderna, el Mediterráneo dejó de ser la principal zona comercial europea, y las monedas italianas cedieron su puesto como medio de pago preponderante.

El mundo se abrió para los españoles, quienes contaban con la plata que proveían las minas de Nueva España y Perú, monedas extremadamente integras en sus características, y la voluntad de acumular riquezas a través de los metales preciosos obtenidos desde las Indias y una balanza comercial positiva.

El real de a ocho empezó a ser solicitado, y su masiva producción hizo posible que existieran suficientes para mover el comercio internacional, especialmente con aquellas regiones que demandaban metal precioso.

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Principales rutas comerciales marítimas de españoles (rojo) y portugueses (verde). Fuente: Wikimedia Commons

Una tercera parte de los reales terminó en Inglaterra, Francia y los Países Bajos para su reacuñación o resello, partiendo desde Amberes (Bélgica); el estallido de la guerra en Flandes, año 1568, obligó a desviarla a Génova (Italia), que la introdujo en Europa central y el Mediterráneo.

Tras la guerra, los Países Bajos se convirtieron en una potencia financiera, y Ámsterdam en el centro de comercio para metales preciosos. Las compañías de indias Neerlandesa y Británica contribuyeron a expandir la circulación monetaria mundial, a través de sus viajes por la ruta del Cabo a Indonesia y la India; no podemos dejar por fuera a los portugueses, especialmente en tiempos de la Unión Ibérica (1580-1640). Es probable que, para esos años, circulasen ya en Asia los reales de a ocho, especialmente porque desde 1565 los españoles estaban establecidos en Filipinas y comerciando con China la plata que les llevaba el Galeón de Manila (1565-1815).

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Real de a ocho tipo “columnario”, característico de las acuñaciones americanas del siglo XVIII. Fuente: Numisbids.com

Así, el resto de los reales de a ocho quedaba a disposición de los comerciantes para negociar con los países del Báltico, el Mediterráneo otomano y el lejano oriente.

China entregaba más oro que Europa por cada real de a ocho, lo que contribuyó a la estabilidad de precios de la plata en todo el mundo

China se convirtió en una gran receptora de moneda española. Allí, el cambio entre metales preciosos fomentó la oferta de plata, la cual era tan demandada que impedía un descenso en su precio, manteniéndolo estable por siglos.

Finalmente hablaremos de América, que empleó las piezas de a ocho para comercio exterior, defensa contra piratas, operación de la Real Hacienda y minería. Incluso las colonias británicas del norte llegaron a depender del “dólar español” debido a su abundancia y la dificultad de obtener moneda inglesa.

El ocaso de una moneda mundial

Como divisa, el real de a ocho fue reemplazado por la libra esterlina durante el siglo XIX.

Un factor determinante fue la independencia de las colonias americanas, que significó la pérdida de minas y casas de acuñación; el otro fue la sustitución del real por la peseta en 1868, lo que implicó dejar de fabricar la pieza en España.

Los procesos emancipatorios americanos y la sustitución del real por la peseta terminaron con el papel de los reales de ocho como divisa internacional

Finalmente, recordemos que durante el siglo XIX se impuso el patrón oro en Europa, coincidiendo con el crecimiento de las transacciones internacionales: cada vez se veían más, en el mercado, billetes respaldados por sus bancos emisores. La plata fue desapareciendo poco a poco de las acuñaciones y la hegemonía británica en diversas partes del planeta contribuyó al auge de la banca; así, la libra se convirtió en moneda internacional por la importancia que tenía Gran Bretaña en la red financiera mundial.

A pesar de todo, los reales de a ocho continuaron circulando un tiempo más, especialmente en aquellas naciones que sólo aceptaban la moneda hispana.

Qué queda hoy de los reales de a ocho

El mayor legado que dejó la divisa fueron las monedas herederas en los distintos territorios en que circuló; para ello, recordemos que el real de a ocho también era conocido como “peso”: nombre muy popular en América.

Hoy en día, Argentina, Chile, Colombia, Cuba, Filipinas, México, República Dominicana y Uruguay tienen pesos por moneda; en el pasado, también los tuvieron Bolivia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Paraguay, Perú, Puerto Rico y Venezuela. Todas estas naciones fueron colonias de España.

Por otro lado está Guinea-Bisáu: antigua colonia portuguesa en África que por un tiempo tuvo al peso por moneda oficial. No obstante, debemos mencionar el caso de Estados Unidos.

El real a ocho y el dólar estadounidense: el porqué del signo del dólar

Durante el período colonial, los trece territorios emplearon como moneda el real de a ocho, conocido como dólar español por ser equivalente al tálero centroeuropeo. Tras la independencia, los Estados Unidos crearon su dólar basándose en el peso y respaldando sus billetes en columnarios.

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Billete estadounidense de 55 dólares, emitido en 1779 y respaldado en pesos españoles acordonados. Fuente: Wikimedia Commons

Como curiosidades, podemos mencionar que el dólar español tuvo curso legal en Estados Unidos hasta 1857, que las acciones de la bolsa se vendían en octavos de dólar (reales sencillos) hasta 1997, y que el símbolo de la moneda serían las columnas de Hércules estilizadas y la cinta que las rodea.

Países asiáticos como Corea, China o Japón también produjeron sus monedas modernas inspirados en el dólar español, dando origen al won, al yuan y al yen.

Así, ante todo lo visto, no nos queda duda de que el real de a ocho, más que una moneda española, fue una divisa que reguló durante siglos las transacciones comerciales en todo el planeta, y sirvió de antecedente para la globalización monetaria que la libra británica y el dólar estadounidense lograron después.

Referencias y fuentes bibliográficas consultadas

Cano Borrego, Pedro (2018). El Thaler alemán, origen del real de a ocho español y precursor del dólar. Oroinformación. Consultado el 20 de febrero de 2022. Referencia.

Cano Borrego, Pedro (2018). Los primeros reales de a ocho acuñados en los Reinos de Indias. Oroinformación. Consultado el 20 de febrero de 2022. Referencia.

Cano Borrego, Pedro (2018). Los primeros reales de a ocho de las Cecas Castellanas. El Eco Filatélico y Numismático, LXXIV (1.273), 46-48. Referencia.

García Guerra, Elena (2006). Itinerarios mundiales de una moneda supranacional: el real de a ocho o peso durante la Edad Moderna. Studia Historica: Historia Moderna (28), 241-257. Referencia.

Lelart, Michel (1996). El sistema monetario internacional. Madrid: Acento Editorial. Referencia.

Ruiz Trapero, María (2005). El real de a ocho: su importancia y trascendencia. IV Jornadas Científicas sobre Documentación de Castilla e Indias en el siglo XVI (pp. 357-377). Madrid: Universidad Complutense. Referencia.